El pan y la belleza
Por Cristina Villanueva

“Y te traigo la miel para que comas; la cebolla; el maíz; el pan centeno; espiga que enriquece los mercados; la aceituna española y la cebada. De la montaña azul te traigo pájaros; de la mar; vellocinos y botellas”.

Se acerca el otoño, manta dorada de hojas crujientes. ¿Hablamos de la belleza, de la educación, de la violencia, de las relaciones entre todo esto?
La violencia social tiene que ver no sólo con la pobreza, sino también con la soledad y la masificación, donde se pierde la palabra, el contacto sanador con la naturaleza, las raíces. Por eso, a igual grado de necesidades, la violencia es mucho más terrible en los centros urbanos, donde no solo falta el alimento: hay ausencia del pan simbólico, la conversación. En muchos lugares pobres en dinero con una gran riqueza cultural, con diversidad de mitos, leyendas e historias, es mucho menor la violencia que, por otra parte, no es patrimonio de ninguna clase social.
La agresión se ejerce contra los que tienen menos fuerza: mujeres, niños, desarmados. Implica no poder anteponer un espacio reflexivo. La palabra siempre es una pausa entre la pulsión y el acto.
La escuela tiene un papel muy importante en la formación de los niños. Debería cobijar, por lo tanto, cualquier forma de transmitir saberes que no fuera burocrática, que viniera de la misma boca de los expertos. En el aula se podría contar todo: cuentos, recetas de cocina; no lecciones, sí vida contada.
En Villa Gesell, escuché una charla sobre pájaros. El disertante hablaba con tanta pasión... Contó la visita a las escuelas y el desafío a los niños que tienen la costumbre de matarlos. Habló de las cualidades que se necesitan para estudiarlos y contemplarlos, mucho mayores que las que se requieren para destruirlos. Es verdad que cuanto más se conoce, es más difícil dañar.
La gran tarea será, entonces, contar para alejar la violencia, para acercar la belleza, que es un patrimonio de todos. Poner la vida en una escala de dignidad; que cada uno pueda sentir el orgullo de ser lo que es, sin la violencia de la discriminación ni la del desprecio. La vida social necesita de la comunicación, del diálogo, de un lugar para todos. Recuperemos el hilo narrativo que une el pasado con el futuro, el pan y la belleza.

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