Crónica de una rayuela en Córdoba
Y nos fuimos al “Cuento Palabra 8”. Las Rayuelas y Rayuelos de Claudio Ledesma, nos subimos al micro con la alegría e ilusión de un grupo de adolescentes en su viaje de egresados.
No bien llegamos a Alta Gracia ya el micro nos estaba esperando para llevarnos a la Colonia José Paz.
Llegar y salir a contar fueron uno. A mi grupo lo repartieron en distintos autos, mi profesor saludó y se fue. Yo me quedé con esa cara de susto que me sale tan bien, con tanta naturalidad.
¡Tuve el descaro de anotarme para contar para chicos! En fin, después de un rato, salimos con Nadina Barbieri y Patricia Orr mientras me preguntaba qué hacía yo ahí. Pero llegamos a la escuela y un grupo de chicos felices, le pusieron la oreja a nuestros cuentos. Fue muy lindo, pese a la versión libre de “EL rey que no quería bañarse”, que se me dio por contar.
De vuelta a la Colonia José Paz, intercambio de información entre los compañeros, almuerzo y escapada al arroyo. Claudio, Mónica Debuchy, Matilde Machiavello y unos cuantos más, se dedicaron a retozar y chapotear en el agua, mientras yo juntaba piedras y exploraba el paisaje.
A la tarde salimos nuevamente a contar cuentos. Ustedes pensarán que yo estaba más tranquila, de ninguna manera, el mismo nudo tripero que a la mañana, pero eso sí, sonriente, con una gran sonrisa, porque se ve que a mí me gusta sufrir, o mejor dicho contar cuentos, aunque sea sufriendo. Pero esta vez jugué más y fue muy lindo. Con la cara que me dolía, de tanto sonreír, siguió la tarde.
Al principio me sentía un poco rara entre tanta gente, estaban los Master narradores, los Senior y nosotros, los novatos. Todos llenos de expectativas y sueños, créanme cuando les digo, que estar entre tanto narrador profesional, es bastante intimidante. Pero fue al principio nomás, porque con el transcurso de los días, el grupo humano se hizo muy cálido.
A la tarde estuvo la mesa, después la cena y al final de la noche la función.
En la función me iba de una emoción a la otra, veía cosas que me partían la cabeza. Mi compañera Marga Pastor y yo, sentadas en primera fila (porque total, no iban a preguntar nada), ahí, como dos nenas en su primera función de circo, con los ojos bien grandes y la boca en O.
Como si todo esto fuera poco, a la noche me quedé al pijama party; cuando no podía más y me iba, Alejandra Oliver Gulle me dijo: --Te vas a dormir, sí, pero primero contás.
Entonces conté, con dos tequilas arriba, con las emociones del día, con el cansancio del viaje, conté. Despacito, buscando las palabras, los veía, veía sus caras, el silencio era perfecto. Contaba, con Rubén López, Carlos Giurleo, Mirta Coria, Beatriz Falero, Alejandra, mirando, mirando, yo conté y fui muy feliz, así, robándome esos instantes de silencio absoluto. Conté.
Al día siguiente el taller con Víctor Arjona, que estuvo muy, muy, bueno, jugamos todos, fue muy divertido. Éramos muchos realmente, pero Víctor Arjona llevó la clase con tanto dinamismo, que se pasó muy pronto.
Después el museo, con cuentos fantásticos. Cuando Claudio contó "Tío Facundo" de Isidorio Blaisten, no sé, a mí se me vino todo el cuento de golpe, hacía casi veinte años que lo había leído; hasta del análisis del cuento que había hecho, me acordé.
De la ronda de cuentos, saqué muchas cosas para mi aprendizaje de narradora. También me quedó claro, que es muy importante tener un buen repertorio de cuentos, saber seguir las consignas en las ruedas.
A la noche otra vez, con mi compañera Marga en primera fila. Cucha de Águila, fantástica; ni hablar de Alejandra, qué profesionalismo, qué capacidad de improvisación, de interacción con el público! Así, todos y cada uno de los que iban pasando, me deslumbraban con una cosa u otra. Mi profe luciéndose con mi cuento favorito, mucha calidad en todo lo que vi.
El domingo a mí no me daba más la cabeza para escuchar, así que me dediqué a ver cómo hacían los cuentos para chicos.
Hoy me senté a escribir, porque no me quiero olvidar. Lo que aprendí en esos tres días, no lo hubiera conseguido en años de talleres. Porque aprendí como persona, como narradora. Además, de este viaje me encantó poder conectar desde otro lugar con gente que conozco, con Alicia Diez nos comunicábamos con sonrisas, sonrisas de feliz cumpleaños. Enrique Villanuestre apoyándome con los cuentos para chicos, todo en un clima de fiesta y alegría, porque estábamos ahí contando cuentos!
No sé, hay un millón de cosas más que tendría para decir, pero esta crónica se haría demasiado larga.
Será porque fue el primero, será porque fui muy feliz, será por mi inocencia en este mundo nuevo, que voy descubriendo de a poco, pero sea por lo que sea, me gustó, aprendí, disfruté, conocí y eso no tiene precio.
Volví a Buenos Aires, con el corazón expandido de alegría, con una sonrisa instalada en mi cara, que nada pudo borrar, que todavía sigue aquí, diciendo que estuve en el “Cuento Palabra 8”, sí, yo estuve allí.
Graciela M. Monge | grace0006@hotmail.com |